Las más interesantes y aterradoras leyendas de la llorona
La llorona de Reynosa Tamaulipas
Era mi primer viaje al norte de México. Resulta que uno de mis primos se mudó a Reynosa y me había estado invitando insistentemente para que fuera a conocer su nueva casa.
Debo confesar que viajar en autobús grandes distancias hace que me duelan las piernas y le tengo miedo a los aviones. Sin embargo, durante las vacaciones decembrinas del año pasado me decidí a visitarlo.Antes de ir le telefonee, pues no quería llegar y encontrarme con que se había ido de vacaciones a otro sitio. Por suerte, me comentó que pasaría la Navidad ahí con su familia y que todos me esperaban gustosos.
Llegué a Reynosa y con la ayuda de mi teléfono celular pude encontrar rápidamente un hotel que se ajustaba a mi presupuesto.El sitio estaba cerca de la calle Hidalgo, es decir, a pocas cuadras de la casa de mi primo por lo que me pareció inmejorable la ubicación de ese hostal.
Llegué a recepción y rápidamente el gerente me atendió en persona y me dio una habitación en primer piso. Con la campanilla, llamó al botones y éste subió mi equipaje.
Cuando llegó el momento de darle una propina, el hombre me dijo:
- Por la noche, ponga la cadena y cierre bien las cortinas, sino quiere ser espantado por la llorona. Yo me reí a carcajadas pues las historias de terror de la llorona, a mí me las contaban mis tíos de pequeño, cuando íbamos a los campamentos familiares. El ambiente se prestaba para los relatos de miedo, pues todo es un poco más aterrador a la luz de una fogata y rodeado por árboles.Sin embargo, parece que no le simpaticé al botones, ya que después de las risotadas que solté, se fue de mi habitación sin mediar palabra y viéndome como si yo fuera una de esas raras criaturas de ciudad que no alcanzan a comprender las tradiciones locales.
Total, decidí que antes de ir a visitar a mi primo, me daría una ducha y dormiría una siesta. Así lo hice, metiéndome a la cama cerca de las 6:00 de la tarde (quería dormir un par de horas).Por algún motivo, me quedé profundamente dormido y ni siquiera escuché la alarma de mi teléfono. De repente, desperté gritando pues me pareció haber oído un tremebundo grito de terror afuera de mi ventana.
Levanté un poco la cortina y lo único que pude ver fue un resplandor y unos ropajes de color blanco.
- ¿Será que la leyenda de la llorona es verdad?
Pensé, mientras movía mi mano derecha hacia el buró con el propósito de coger mis gafas para poder ver con mayor claridad.En cuanto me puse los anteojos, corrí la cortina y abrí la ventana.
No había nada ni nadie. Por un segundo olvide por completo el hecho de que estaba en un primer piso, lo que haría imposible que una persona estuviera espantándome afuera de mi ventana. No obstante, cuando me disponía a cerrarla escuché “ay mis hijos” y la piel se me puso de gallina.
A la mañana siguiente, le llamé a mi primo y le dije que debía regresar a la capital por cuestiones de trabajo. La realidad era que yo no quería pasar otra noche en Reynosa, pues temía que la aparición de la llorona volviera a mostrarse afuera de mi ventana.
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